SMS electorales: lo importante es lo que falta

 

El PSOE ha enviado un SMS a 250.000 madrileños con publicidad electoral.

La chorprecha, contada por Naiara Bellio en maldita.es, es que este partido denunció al PP por hacer lo mismo en el último día de las dos últimas campañas electorales nacionales.

El 58 bis.1 LOREG, ese artículo que autorizaba a los partidos políticos a tratar los datos de ideología política de los pobres votantes, fue declarado inconstitucional.

Pero quedan restos vivos de aquel naufragio: el apartado 2 permite a los partidos políticos utilizar datos obtenidos de la web y otras fuentes accesibles al público para la realización de actividades políticas durante el periodo electoral.

Lo gracioso es que ni el PP ni el PSOE aprovecharon tan ventajosa previsión legislativa: se limitaron a comprar bases de datos a data brokers:

  • El PP contrató la campaña a IBERINFO MULTIMEDIA MARKETING (quien manifestó sólo haber distribuido los SMSs y haber gestionado la adquisición de la base de datos a AD735 DATA MEDIA ADVERTISING, S.L., una sociedad sin actividad que no contesta ni satisface derechos LOPD.
  • El PSOE contrató a TAGADA MEDIA, sociedad que manifiesta haber obtenido los datos vía promociones en los que los interesados aceptan una política de privacidad en la que consienten el uso de sus datos a efectos promocionales.

Habría que ver ese texto “aceptado” por los interesados, que bajo el reinado del Reglamento General de Protección de Datos debe prever checks granulares de consentimiento específicos para cada sector económico de promociones.

A uno le cuesta creer que hoy en día alguien vaya a marcar un check aceptando el envío de propaganda de contenido político: las encuestas reiteran de forma consolidada que nada jode más al votante medio que recibir propaganda de un partido que no encaja con sus ideas.

Y esta es la clave. Falta el criterio de selección de destinatarios del “sms del amol” enviado no a todos, sino a 250.000 madrileños (no está nada mal).

En su día, el PP manifestó que sus SMSs habían sido distribuidos sólo “entre aquellas personas que han mostrado una disposición favorable a ser contactados mediante mensaje para recibir comunicaciones en alguna ocasión”.

Las campañas son más eficaces cuanto más personalizadas están, y la clave aquí es qué criterio utilizaron, PP y PSOE, para seleccionar, de entre todos los registros de la base de datos, los concretos destinatarios de los SMS, esos a los que se pide amol verdadero.

Esa selección es un tratamiento de datos, tratamiento que no puede estar basada en el consentimiento, si hace referencia a datos de ideología política (art 9.1. LOPDGDD).

No por consentimiento

Así que se siente, PP y PSOE, ni vosotros ni vuestros data brokers podían ampararse en el consentimiento de los interesados para seleccionar ni filtrar, por el criterio de su ideología política a los destinatarios más convenientes para vuestros sms propagandísticos.

Porque la ley prohíbe tajantemente identificar la ideología del ciudadano, incluso aunque lo consienta. Repito: 9.1 LOPDGDD.

Y es que, una de las cosas que faltan en este asunto es la información obligatoria en todo tratamiento de datos: ni Casado en su día, ni Gabilondo hoy, suministran la información obligatoria en los chats de whatsapp a que te conducen los enlaces de sus esemeeses, de la base de tratamiento, finalidad, origen de datos, cómo ejercer tus derechos de borrado y a que no te sigan dando la turra, etc…

Otra cosita que falta es que la ley electoral regula con detalle psicópata el tamaño, ubicación y duración de los anuncios electorales en cartel radio y televisión.

Y, sin embargo, nuestros partidos políticos siguen sin regular el elefante en la habitación, cada vez más imponente: la publicidad electoral en redes sociales.

Redes sociales que, por supuesto, imponen sus propias normas como les da la real gana, eliminando mensajitos aquí, permitiendo barbaridades allá, proponiendo soluciones voluntarias y limitadas de transparencia, y sobre todo, icinerando –tarde, mal y nunca- cuentas de líderes políticos desdichadamente populares. Líderes que, durante esos años, han generado suculentas toneladas de interacciones.

 

Jorge García Herrero